San Sebastián Mártir

San Sebastián es un Santo poco valorado en el Santoral actual, reformado después del Concilio Vaticano II. Sin embargo, durante toda la Edad Media su devoción fue muy extendida y su patrocinio sobre la salud y contra toda enfermedad era muy reconocido. Aunque la devoción al Santo mártir arranca de las primitivas comunidades cristianas, fue a lo largo de la Edad Media, y sobre todo en época de pestes  y calamidades, cuando su invocación se generaliza.

Sebastián, hijo de padre militar y noble, era oriundo de Narbona, pero creció y fue educado en Milán. De muy joven emprendió la carrera militar   y llegó a capitán de la primera cohorte de la guardia pretoriana, cargo que   sólo se daba a personas ilustres. Era respetado por todos y apreciado por el emperador. Lo que ignoraba éste es que Sebastián fuera cristiano de corazón.   El noble capitán cumplía con el emperador pagano y con el otro cargo de soldado de Cristo.

Esta situación duró hasta el día en que llegó la denuncia, en parte temida y en parte deseada, y se enteró el emperador. Maximiano le hizo comparecer a su   presencia, reprochó su conducta y le colocó en la disyuntiva de abandonar su religión o perder el honroso cargo. Sebastián tuvo que escoger entonces una  de las dos milicias. Como pudo más la convicción y su conciencia que la   posición encumbrada y el bienestar material, escogió a Cristo. No soportó el   emperador aquel desaire y le amenazó con la muerte. Pero Sebastián sentía por todo su ser la gracia sacramental de la confirmación que le empujaba al martirio y no dio el brazo a torcer. En vista de ello, Maximiano le condenó, sin más dilación, a morir asaeteado. Los sagitarios se lo llevaron al estadio del Palatino; desnudo lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de   flechas. Luego se retiraron indiferentes, dejando el cuerpo erizado y dándolo   por muerto. Mas no fue así. Sus íntimos, que estaban al acecho, fueron allí y,  encontrándolo vivo aún, lo desataron y se hicieron con él.